Fin de jornada laboral, fin de semana, todo conjuga perfecto y Wilfredo Worldend, el nerd del barrio sale a probar suerte. En realidad a probar si puede ser socialmente aceptable. Estuvo calculando sus posibilidades de levante, viene recolectando datos históricos para tener una estimación perfecta con medias móviles. Luego de 128 muestras, llega a la conclusión que su probabilidad de ligar esta noche es cero punto cero cero cero. De hecho, seguramente era un poco más, pero se convenció que tenía una calculadora con poca precisión de manera alentadora al salir de la casa.
Era un purista estadístico a la hora de hacer salidas de campo. Ninguna variable era librada al azar: nada de amigos que puedan robar porcentajes.... él salía solo.
Empuja la puerta del bar, lo inevitable ocurre: siente los lentes incrustados y deja unas marcas de grasa de la nariz en el vidrio. No recordaba que le haya pasado algo similar en el World of Warcraft, pero claro ahí es donde el mundo real lo traiciona. No se desanima, le encuentra la vuelta las bisagras y logra entrar.
Hoy logró hacer una proeza de la algoritmia, transformó una rutina con complejidad O(n^2) en O(n log(n)). Buscaba en el bar la más bella de las mujeres, ya que teniendo tal trofeo en su haber, supuso que la noche sería fácil, muy fácil. Encuentra una morocha, labios gruesos y un cuerpo como pocos. Sabe que hoy la mente lo acompaña; sólo falta que lo acompañe el cuerpo... sube un poco los hombros, saca pecho, levanta una ceja, tuerce la boca y arranca: con un versor dirección perfecto, el origen del mismo se encuentra en su corazón y el final... bueno, digamos que en la morocha.
Llegó enfrente de ella, y sin dudarlo comenzó con una palabra mágica: "HOL..." y cuando deposito su lengua en el paladar para pronunciar la "L" de reojo vio una figura, de unos 1,8292 metros. Era una estimación vaga, pero continuó sus cáculcos y con un sólido de revolución usando ese contorno y relleno con algún material que tuviera una densidad de 1 g/cm³, este buen señor pesaba unos 94,34 kilogramos.
Terminó de pronunciar la "L". Lo que había dicho quedó como algo indescifrable, inclusive para Wilfredo. El ceño fruncido del ropero camuflado de hombre lo demostró. "Eh?" fue su pregunta. Y Wilfredo realizó una rápida asociación de ideas, que incluían los tokens: "morocha", "novia", "nudillos grandes", "mi cara" y "ambulancia". Construyó todas las combinaciones en su cabeza, hizo parser mental y se dio cuenta que no se encontraba en una buena situación. Como consecuencia la respuesta de Willy fue "Ah!" con una expresión de dolor preventiva mientras se alejaba empujando un par de personas de camino.
Ahora buscaba una columna que pueda interponerse entre ellos y él. El bar era lo suficientemente chico como para no tener columnas, buscó la barra y puso la espalda hacia ellos. Se arqueó en forma de paréntesis y subió los hombros. Esta vez para ignorarlos mejor, aunque cada tanto su mente le proporcionaba una piña imaginaria del buenseñor que lo obligaba a mirar para atrás.
"Que querés?" le preguntó el barman. Luego del sobresalto, Wilfredo pidió una cerveza, sonrió a su alrededor. Se encontró con una pinta bien helada entre sus manos. No dejó tiempo entre el primer sorbo y el último, de hecho, técnicamente fue uno solo.
Se dijo a si mismo: "Alguien con mi capacidad...", y comenzó a recordar que tenía un software que empalmaba fotos para hacer panorámicas, comenzó a simular ese software. Cerró un ojo, puso sus palmas levemente separadas en frente del otro y comenzó a girar suavemente para tener la panorámica necesaria.
Una vez que terminó sus 180 grados, recopiló mentalmente la información. Comenzó el análisis: "un grupo de parejitas sonriendo, un grupo de amigas a carcajadas contando una anécdota, un equipo de rugby festejando su victoria de la semana". Su proceso analítico profundo se interrumpió porque los últimos 110 grados de la panorámica era una sola persona.
Por lo visto, una sola y exteeensa persona.
Si. Hoy era el día. Wilfredo estaba al lado de una señorita soltera. De proporciones excepcionales.